jueves, 8 de julio de 2010

LA POLITICA DE LOS SEMAFOROS

Hace unas semanas, a raíz de los resultados de las pruebas del SIMCE, el Ministro de Educación anunció públicamente la política de los semáforos. Es conocida la medida: sobre el plano de la ciudad (por ejemplo, Santiago) se localizarán los diferentes establecimientos educacionales, los cuales tendrán colores: verde los de mejor rendimiento en el Simce, amarillo los de mediano rendimiento; rojo los de mal rendimiento.
El ministro, en uno de los alardes de imaginación que lo han caracterizado (baste recordar su pasada por el municipio de Santiago) ha inventado este semáforo. ¿O alguien se lo habrá sugerido? ¿Un amigo o colaborador quizás, o un infiltrado del otro lado?
Un semáforo es un dispositivo que regula el flujo vehicular en las calles: la luz verde indica que uno puede seguir adelante, tranquilo y seguro en la medida que respete las reglas. El amarillo es de prevención: hay que detenerse y cuidar de no pasar puesto que del otro lado puede venir otro vehículo. Es una luz de alarma que llama a detener el movimiento. Finalmente la luz roja: ALTO, no pasar, detenerse, so pena de multa. En otra mirada, es la lógica del autoritarismo que premia y castiga según uno se ajusta o no a las reglas (como el Simce, por ejemplo).
Si como padre o madre utilizo esta lógica, me dicen que los colegios de luz verde tienen autorización para seguir adelante, sin temor ni peligro, hacia el logro de sus metas. Los colegios de luz amarilla me indican ¡cuidado!: este establecimiento está a punto de tener luz roja (siempre es así en los semáforos: lo he comprobado mirando por horas el cambio de luces). En otras palabras, más vale no meterse con esta gente: están a punto de que les llegue la luz roja. Finalmente, las escuelas de luz roja están ahí, detenidas, sin poder moverse porque hacerlo es un delito. Naturalmente, hasta que les den la luz verde. Pero en un semáforo uno no se gana la luz verde: se la dan.
Si ahora miro el mapa veré con seguridad que las luces no están distribuidas aleatoriamente por la ciudad, sino que las verdes se concentran en algunas comunas, las amarillas en otras, y las rojas también. Y si vivo en una comuna de luces rojas no me queda posibilidad alguna de elegir una luz verde (aquí entra la lógica de la "libertad para elegir" que predicó Milton Friedman, sí, ese mismo).
¿Qué puedo concluir?
- que las luces verdes las pone la autoridad pero que seguramente es culpa de uno tener luz roja, puesto que la autoridad ha dicho que prefiere las verdes;
- que si tengo luz roja poco podré hacer para salir de allí: no tengo las claves para mejorar los indicadores ni tampoco puedo cambiarme a una comuna "verde"
- que si tengo luz roja estoy marcado y seguramente seguiré allí: la luz roja se transforma en un estigma más que en una señal transitoria
- que el ministro tiene poca imaginación (por no decir otra cosa).

Ministro, ¿por qué no reemplaza las luces rojas por luces doradas, indicando que allí pondrá sus preferencias la política del gobierno? ¿O será que les conviene que los pobres sigan teniendo educación de mala calidad?

2 comentarios:

  1. Excelente cuestionamiento... Además, uno se pregunta qué capacidad de "hacerse cargo" de los problemas de educación en Chile tiene esta persona. Es una pregunta pertinente toda vez que como política está proponiendo hacerse cargo de los colegios que están bien, que no tienen problemas. Qué desafío tiene eso? Concuerdo contigo que pareciera haber algo siniestro detrás: aumentar la enorme brecha ya existente en la educación chilena. mmmmh ¿a quién le conviene esto?
    Luis Romero.

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  2. Ps. Ingrid Rojas S.13 de julio de 2010, 14:23

    Creo que no hay nada más peligroso que el pensamiento concreto, en situaciones y ámbitos de sumo complejos, como son los procesos educativos con toda la heterogeneidad que ellos involucran...sobre todo si el concretismo proviene de los que deben planificar sobre la base del contexto socio histórico y cultural de un país...preocupante por decir lo menos.
    Ps. Ingrid Rojas

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